El austriaco Felix Baumgartner ha realizado 2,500 saltos desde aviones y helicópteros, así como algunos de los puntos geográficos y rascacielos más altos en el planeta, como la estatua del Cristo Redentor, en Río de Janeiro, el viaducto de Millau, en el sur de Francia y el rascacielos “Taipei 101”, de 101 pisos en Taiwán.
Él también saltó de cara, a una cueva oscura de 620 pies de profundidad en Croacia, salto que hasta este día considera como su hazaña más peligrosa, sin embargo, dice, que pronto la superará.
Este verano, Baumgartner espera precipitarse en caída libre hacia la Tierra a una velocidad supersónica desde la distancia récord de 23 millas de altura, rompiendo la barrera del sonido con su propio cuerpo.
Este jueves, el temerario paracaidista ya hizo más de la mitad del camino en un crítico ensayo general, ascendiendo en un globo de helio desde el desierto de Nuevo México, Baumgartne salto de más de 13 millas de altura. Se cree que él es la tercera persona en saltar de tal altitud y de caída libre a un aterrizaje seguro, y el primero en hacerlo en 50 años.
El récord es el salto de 102,800 pies de altura, del piloto de la Fuerza Aérea, Joe Kittinger en el año 1960.
Baumgartner usó la misma cápsula presurizada y el mismo traje de presión que va a utilizar en unos cuantos meses cuando intente establecer un nuevo récord de caída libre de 120,000 pies. La cápsula y traje de protección son necesarios porque a esas alturas, prácticamente no hay atmósfera.
"Me gusta retarme a mí mismo", explicó Baumgartner, de 42 años de edad, en una reciente entrevista, "y este es el salto final, creo que no hay nada más grande que eso."