Política, la Casa Blanca y el Congreso

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Comité del Senado aprueba nominación polémica espía

Gina Haspel, nominada a la CIA, tendrá un camino más difícil en el pleno de la Cámara Alta.

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    EFE
    De ser confirmada, Gina Haspel, con 33 años de carrera en la CIA, sería la primera mujer en dirigir la agencia de espionaje. En la foto, durante la audiencia la semana pasada, ante el Comité del Senado.

    El Comité del Senado le dio el visto bueno el miércoles a la nominación de Gina Haspel, una polémica espía con más de 30 años de carrera, para dirigir la CIA, trámite que pasará al pleno de la Cámara Alta la semana entrante, donde se espera un voto reñido.

    La candidata del presidente Donald Trump se comprometió en su audiencia de confirmación la semana pasada a no reanudar "bajo ninguna circunstancia" el programa de torturas que la agencia puso en marcha tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, aunque evitó posicionarse como un contrapeso al presidente.

    Haspel se enfrentó a una dura audiencia en el comité de Inteligencia del Senado, donde los demócratas trataron de arrancarle el compromiso de plantar cara a Trump si le pide reanudar el programa de torturas, tal y como prometió el gobernante durante la campaña para las elecciones de 2016.

    La nominada del presidente Donald Trump para encabezar la CIA dijo el martes que el duro programa de interrogatorios que la agencia ejecutó en sitios clandestinos después de los ataques del 11 de septiembre del 2001 no debería haberse llevado a cabo.

    El martes, la nominada intentó aplacar los cuestionamientos con una carta que envió al principal demócrata en la Comisión de Inteligencia del Senado, con miras a apuntalar el apoyo a su confirmación en la cámara alta.

    “Aprendí las lecciones difíciles del 11 de septiembre”, escribió Haspel. “Con el beneficio de la retrospectiva y de mi experiencia como líder sénior de la Agencia, el programa de interrogatorio fuerte no es uno que la CIA debería haber emprendido”.

    Haspel dijo que se “negaría a emprender cualquier actividad propuesta que sea contraria a mis valores morales y éticos”.

    La carta de Haspel fue solicitada por el senador Mark Warner, demócrata por Virginia, que se encuentra entre los demócratas clave cuyos votos serán cruciales en el Senado, especialmente después de que el senador John McCain, republicano de Arizona, instó a sus colegas a rechazar a la candidata por su papel en los interrogatorios de la CIA.

    Los comentarios de McCain provocaron un nuevo debate sobre las técnicas de tortura ahora prohibidas.

    Trump ha dicho que el país debería considerar el uso de estas técnicas y el ex vicepresidente Dick Cheney, quien fue parte integral de la estrategia tras los atentados terroristas, dijo la semana pasada que si dependiera de él “lo haría de nuevo”.

    Las técnicas de tortura de la CIA fueron prohibidas en 2009 por el entonces presidente Barack Obama y el Congreso legisló en contra de esos métodos en 2015.

    "No reanudaré bajo ninguna circunstancia el programa de interrogatorios de la CIA, bajo ninguna circunstancia", prometió.

    Haspel ha trabajado durante 33 años como agente encubierto y solo en las últimas semanas la CIA ha divulgado el destino de algunas de sus misiones, en un esfuerzo de transparencia por lavar la imagen de la agente y cosechar el apoyo de una mayoría de senadores para su confirmación.

    Por lo que más preocupación expresaron los senadores fue sobre el papel que Haspel jugó en 2002 cuando se encargó de supervisar una cárcel secreta que la CIA tenía en Tailandia y donde fueron interrogados dos sujetos acusados de pertenecer a al-Qaeda: Abu Zubaida y Abd al Rahim al Nashiri.

    Abu Zubaida fue interrogado antes de que Haspel se hiciera cargo de la cárcel y fue sometido 83 veces a la técnica de ahogamiento simulado, que consiste en verter agua sobre el rostro cubierto con una tela para provocar la sensación de asfixia al interrogado.

    Mientras tanto, con Haspel ya al frente de la cárcel de Tailandia, al Nashiri sufrió tres veces esa práctica, según informes hechos públicos por el Congreso.

    La CIA cerró la prisión de Tailandia en 2002 y Haspel pasó a trabajar para José Rodríguez, director de los Servicios Clandestinos de la agencia de inteligencia.

    En 2005, a petición de Haspel y sin el visto bueno de la Casa Blanca, Rodríguez ordenó la destrucción de las 92 cintas de vídeo en las que se documentaron las torturas.

    Preguntada sobre esos hechos, Haspel aseguró que ella defendió "absolutamente" la destrucción de las cintas porque, aunque nunca las visualizó, sabía que aparecían los rostros de los autores de los interrogatorios y eso les convertía en un posible objetivo de al-Qaeda.

    Haspel aseguró que la CIA ha aprendido algunas "lecciones difíciles", pero también pidió a los senadores que recuerden el contexto que siguió a los atentados del 11 de septiembre, cuando Estados Unidos temía volver a sufrir otro ataque en su territorio.

    Para defenderse de las críticas de los senadores, les recordó sin ningún pudor cómo tuvo que "dormir en el suelo" en algunas bases militares, las dificultades a las que se enfrentó como mujer y algunas de sus misiones más peligrosas, por ejemplo como agente encubierto en Etiopía y Turquía durante la Guerra Fría.

    "Después del 11 de septiembre no me senté detrás de un escritorio, di un paso al frente. No me quedé al margen. Estuve en el frente de batalla en la Guerra Fría, estuve en el frente de batalla en la lucha contra al-Qaeda", aseveró Haspel, eun momento de especial tensión.

    "Para , la tragedia -continuó- es que la polémica que rodea al programa de interrogatorios haya acabado por sembrar una duda en lo que ha sido una gran contribución para proteger el país".

    A pesar de su firmeza, Haspel se enfrenta a una confirmación difícil, puesto que los republicanos del Senado tienen una estrecha mayoría de 51 escaños frente a 49 demócratas, y algunos senadores republicanos, como Rand Paul, ya han anunciado que votarán en su contra por su papel en los interrogatorios.

    Haspel comenzó a trabajar en la CIA en 1985 y lidera la agencia de manera interina desde el nombramiento como secretario de Estado de Mike Pompeo, que dirigió la agencia durante quince meses, mientras ella ocupaba el puesto de "número dos".

    De 61 años y nacida en Kentucky, Haspel se describió como una "estadounidense de clase media" que no tiene "una cuenta en las redes sociales".

    De ser confirmada por el Senado, se convertiría en la primera mujer en liderar la CIA.