Código rojo contra la prostitución en Chicago

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    EFE

    Voluntarios cristianos recorrieron vecindarios latinos de Chicago para ofrecer ayuda a mujeres involucradas en drogas y prostitución como parte de una campaña mundial denominada Operación Código Rojo que se realizó simultáneamente en 17 ciudades de 6 países.

    "Fue muy duro y emocionante, y por momentos en zonas peligrosas, pero felizmente terminamos nuestra misión sin inconvenientes", declaró a Efe el pastor Carlos González, de la Iglesia Alcance Victoria del sur de la ciudad.

    La iniciativa de Chicago formó parte de una campaña mundial que se realizó simultáneamente en 17 ciudades de México, Venezuela, Holanda, Sudáfrica, Estados Unidos e Inglaterra.

    La misión de los voluntarios, que en Chicago llegaron a 300, en su mayoría mujeres, era contactar prostitutas, orar con ellas y ofrecerles la posibilidad de alojarse con sus hijos, si los tienen, durante un año en una de las 350 casas de recuperación que Alcance Victoria tiene en el mundo.

    "La persona tiene que estar cansada de ese estilo de vida y llegar al punto de querer cambiar", expresó González, originario de Guadalajara (México).

    Para el pastor, el reto más grande que enfrenta su iglesia es convencer a las mujeres que abandonen la prostitución y "descubran un propósito y destino para sus vidas".

    Ana Lilia Mesa, que fue encontrada ebria y tambaleándose en el barrio Las Empacadoras, mostraba cicatrices en su brazo izquierdo, que parecían marcas de la inyección de drogas.
    Al ser entrevistada por Efe expresó que le agradaba la iniciativa de la iglesia porque no tiene amigas "de verdad".

    "Estoy muy sola, pero ahora las voluntarias son mis amigas y hermanas en Cristo y eso es muy importante", agregó.

    Tania Ivette Williams, oriunda de Dallas (Texas), dijo que se prostituyó y trabajó como bailarina en un club nocturno hasta que encontró "a Dios a través de Código Rojo".

    Según declaró, al drogarse con heroína perdió el control de su vida, se quedó sin trabajo, sin hogar y sin comida. "Dios me salvó en la casa de recuperación", dijo.

    El pastor González dijo que las casas de recuperación son instalaciones gratuitas, donde se ayuda a mujeres y hombres a combatir el abuso de sustancias y para que abandonen la prostitución y las pandillas.

    Muchos de ellos, al recuperarse, pasan a colaborar con la iglesia, como Yolanda Barbosa, una madre soltera que llegó a vender su cuerpo para alimentar a su hijo.

    "Trabajaba mucho en bares por la noche, pero me sentía vacía y veía que me estaba hundiendo cada vez más", expresó.

    También la afroamericana Connie Esters dejó atrás una vida de exceso de drogas y se convirtió en coordinadora del centro de rehabilitación de la iglesia.

    Dijo a Efe que lo primero que ve en las mujeres que llegan en busca de ayuda es "el dolor en sus ojos", causado por la vida que han llevado.

    "Yo comencé compartiendo mi experiencia con ellas, porque llegué adicta a la heroína", declaró.
    González informó de que la jornada finalizará por la tarde de este viernes en la iglesia ubicada en la vecina ciudad de Cícero (Illinois), donde se hará el conteo final de las mujeres contactadas durante el recorrido y se les ofrecerá un tratamiento de peluquería, maquillaje y manicura.