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Termina el "exilio" para españoles
PUBLICADO: 11 de junio de
2009, a las
7:15 pm (centro)
ACTUALIZADO: 16 de junio de
2009, a las
9:16 am (centro)
MADRID -- Uno de los versos más tristes escritos por España después de la guerra civil fue el del exilio. En abril de 1939, tras tres años de sangriento y penoso conflicto, el general Francisco Franco consiguió una victoria que habría de condenar a cientos de miles de personas del bando perdedor republicano a huir de un país destrozado por el odio. Dos meses después, el 13 de junio de 1939, hace ahora 70 años, atracaba en el puerto mexicano de Veracruz el "Sinaia", un barco que ha pasado a la historia como el símbolo de la diáspora española hacia América Latina por ser el primero en completar un traslado masivo de refugiados, más de 1.620 personas en total. Nieves Barón tenía ocho años cuando embarcó junto a sus padres en aquel buque de carga vetusto y destartalado. Intelectuales, obreros, campesinos, médicos, profesores y gente de toda condición compartían aquella cubierta como refugiados políticos. Inmigrantes de unas ideas republicanas y de izquierda, sometidas por la victoria de Franco. "Había un escritor, Antonio Zozaya (fallecido en México en 1943), en el barco", relata Barón. "Cuando ya nos adentrábamos en el océano se levantó y dijo: 'Adiós España, que muchos no te volveremos a ver'. Fue la primera vez que vi a mi padre llorar, derrumbado. Creo que entoces supe lo que estaba pasando". Nieves Barón tiene ahora 78 años y podría ser una de las pocas supervivientes de la travesía del "Sinaia". Dice que ha vuelto a España a morir porque es su país, pero su acento y ciertas expresiones en la conversación destilan un sabor puramente mexicano. Se mueve con dificultad y se siente cansada. Su memoria, sin embargo, es un prodigio de recuerdos increíbles de los que no escapa el más mínimo detalle en forma de nombres o anécdotas. "Todo lo guardo en el corazón", dice con los ojos vidriosos, cargados de lágrimas a punto de desbordarse. La larga dictadura de Franco, que se prolongó hasta su muerte en 1975, condenó al olvido del régimen la vida de Barón y de tantos otros. Años después, con la llegada de la democracia, los historiadores no consiguen ponerse de acuerdo sobre el número de refugiados políticos que abandonaron España entre el final de la guerra y los primeros años de la dictadura. Según la Asociación de Descendientes del Exilio Español, fueron unas 350.000 personas, una cantidad ingente para la época. La mayoría se quedaron en Francia, Suiza, Alemania y Rusia. Más de 50.000 se fueron a América Latina, 25.000 de ellos a México, donde el entonces presidente Lázaro Cárdenas se negó a reconocer el gobierno de Franco y puso bajo su protección a los refugiados españoles a los que incluso concedió la nacionalidad mexicana. De todos ellos, estima esta organización, apenas un 5% ha regresado España. Casi todos los exiliados huyeron a los países que consideraban hermanos del otro lado del Atlántico para empezar desde cero una nueva vida en barcos como el "Sinaia" y el "Ipanema" a México, o el famoso "Winnipeg", que a iniciativa del poeta Pablo Neruda trasladó a 2.200 personas a Chile. Aquellos buques de la vergJuenza partieron desde Francia gracias al apoyo económico y la financiación del gobierno republicano español en el exilio y cuáqueros ingleses, entre otros grupos. Porque antes de embarcar, Nieves Barón y su familia, al igual que centenares de miles de españoles, padecieron meses de penurias en Francia. Desde Cataluña, el último bastión republicado tomado por Franco, cruzaron la frontera a pie en largas columnas de silencio como las que se pueden ver hoy en algunas zonas de Africa a través de la televisión, vivieron en los campos de acogida habilitados en el país galo para contener la avalancha de españoles sin nada que llevarse a la boca, durmiendo a la intemperie hasta que finalmente consiguieron poner rumbo a México. "Durante las tres semanas largas que duró el viaje, lo pasé muy bien. Tengo un buen recuerdo. Jugaba con los niños y hacíamos unas trastadas tremendas", explica. "También nos hacían estudiar y nos daban clases sobre cómo era México, su geografía y su historia". La genta dormía como podía, en la cubierta, en las bodegas... Pero todos estaban ilusionados. Barón recuerda que el barco hizo una parada en Puerto Rico, pero las autoridades no les dejaban desembarcar. "Erámos apestados", dice. "Pero la gente estaba con nosotros y en el puerto nos tiraban fruta y comida. Fue emocionante". Nada más llegar a Veracruz, asegura que Ignacio García Téllez, secretario de Educación Pública en el gobierno de Cárdenas, se acercó al muelle y dijo: "Compañeros españoles, están ustedes en su casa". México, según los historiadores, fue el país en el que mejor se organizó el exilio español. Dos asociaciones creadas por las instituciones republicanas --el Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE) y la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE)-- buscaban alojamiento y trabajo. Se fundaron escuelas como el Instituto Luis Vives y el Colegio Madrid en el que estudiaban aquellos españoles bajo la tutela de intelectuales y catedráticos también exiliados. Pensaban que Franco no duraría mucho en el poder y se preparaban para un pronto regreso. Nada más lejos de la realidad. "Estuvimos unos meses en Veracruz hasta que viajamos a México D.F. Mi padre empezó a trabajar y montó un negocio propio de fabricación de cinturones y tirantes", cuenta. La familia Barón prosperó. Nieves se casó con otro español exiliado y no tuvo hijos. Volvió por primera vez a España un año después de la muerte de Franco en 1976 en busca de sus raíces. Hace nueve años, tras fallecer su marido, decidió volver a Madrid, donde vive en una residencia de ancianos. José María Nadal tiene 80 años y también acaba de regresar a España. Viajó en el "Ipanema" a México, un barco con unos 1.000 refugiados a bordo que zarpó de Francia el 14 de junio de 1939. Al igual que Nieves Barón, huyó en una caminata a pie interminable desde Cataluña hasta al sur de Francia. Antes de poder embarcar, su hermano falleció en uno de los campos de refugiados franceses. "Mi madre nunca llegó a recuperarse de aquello. Fue muy duro", reconoce. Nadal no recuerda mucho del viaje, pero todavía sufre al recordar su estancia en Francia y la muerte de su hermano. Natural de Barcelona, cada palabra que sale de su boca incluye un mensaje de agradecimiento a México. Su acento es una mezcla entre catalán, español y mexicano bastante particular. "Fue una suerte poder vivir en México, lo dramático fue como llegamos", asegura. "Nunca tendré palabras suficientes para dar las gracias al general (Lázaro) Cárdenas por lo que hizo". Nadal conserva entre sus recuerdos un original impagable del diario que escribían los españoles del "Ipanema" con las viejas plantillas de esténcil. En el "Sinaia" también hubo un diario similar. El documento es sorprendente, algo parecido a un periódico. Se pueden encontrar avisos, proclamas políticas, poesía, reflexiones sobre México, partes meteorológicos, el menú de cada día y, sobre todo, mensajes de esperanza. "Yo era muy pequeño y tengo recuerdos vagos. Sí me acuerdo que tuvimos que parar en la Martinica porque el barco se había estropeado. Fue la primera vez que veíamos personas de raza negra y todos nos echamos a un lado para verles... Casi se vuelca la embarcación", cuenta esbozando una sonrisa. José María Nadal estudió en el Luis Vives y trabajó durante años en un banco. Se casó y tuvo cuatro hijos. Todos ellos consiguieron la nacionalidad española y se marcharon a vivir a Madrid. Nadal decidió hace unos años regresar con su esposa para estar cerca de los suyos. Con motivo de la efeméride, la Asociación de Descendientes del Exilio Español ha organizado un acto en Madrid para conmemorar el 70 aniversario de la llegada del "Sinaia" a Veracruz. De aquel buque, de aquellos barcos, sólo queda el nombre y un recuerdo. Algunos, simpelmente, desaparecieron, otros se hundieron en lo más profundo del mar. En el "Sinaia", viajaba el poeta Pedro Garfias (fallecido en México en 1967). Adscrito a la generación del 27, dejó para siempre un poema del dolor de aquel exódo, cuyo primer verso decía: "España que perdimos, no nos pierdas".
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