Las medallas simbolizan el éxito del espíritu, la potencia del cuerpo humano. Son el reconocimiento de los logros que una persona alcanza a fuerza de perseverancia a talento. Porque lleva una vida prepararse para estar en condiciones de llegar a lo más alto del podio. Lleva mucho esfuerzo, sudor y lágrimas llegar a sentir sobre el pecho el peso de esas magníficas preseas.
Las medallas olímpicas se han entregado desde que se llevaron a cabo los primeros juegos de la época moderna. Sus diseños, el peso y el tamaño variaron según cada edición de los Juegos. Pero su valor se ha mantenido siempre.
Los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, en 1896, se realizaron en Atenas, Grecia, el lugar donde esta espectacular competencia nació. La situación financiera era tan difícil aquel año que los ganadores fueron reconocidos con medallas de plata y bronce; el famoso oro brilló por su ausencia.
La edición de París, en 1900, se celebró como parte de la Exposición Universal que tuvo lugar en esa ciudad francesa. Aquel año, los Juegos duraron cinco meses. En esta ocasión aparecieron las medallas de oro para premiar a los mejores. Pero por única vez en la historia el diseño fue cuadrado. En esta ciudad francesa, Charlotte Cooper fue la primera mujer en salir campeona olímpica. El deporte que practicaba era el tenis.
En 1908 fue la primera vez que los Juegos se llevaron a cabo en Londres. En esta oportunidad, por primera vez un padre y un hijo conquistaron el oro, como equipo, participando en la modalidad de tiro sobre ciervo en movimiento, en la actualidad eliminada. Oscar Swahn y su hijo Alfred, ambos suizos, se volvieron a colgar el oro cuatro años más tarde en Estocolmo. 8 años después, Oscar, en Amberes 1920, se convirtió en el hombre más longevo en subir el podio con 72 años.
En Bélgica fue donde se izó por primera vez la bandera olímpica con los anillos entrelazados en representación de los cinco continentes, pero no fue hasta Ámsterdam 1928 donde se encendería la llama olímpica. En los Juegos de 1920 la bandera fue robada por el atleta estadounidense Harry Prieste y, recién en Sydney 2000, dicho emblema regresó al COI, 80 años después.
Cuando el afronorteamericano Jesse Owens se impuso al alemán Lutz Long en salto en longitud, en Berlín 1936, Adolf Hitler abandonó el estadio para no estar presente mientras premiaban a un atleta de raza negra.
Los Juegos Olímpicos de 1936 fueron muy controversiales y conflictivos. Estuvieron a punto de ser suspendidos dado que el nazismo no estaba dispuesto a dejar competir a personas de raza negra ni a judíos. Pero la presión internacional y la amenaza de suspensión hicieron dar marcha atrás a Hitler.
Las Olimpiadas de 1940 y 1944 fueron canceladas a causa de la segunda guerra mundial. Luego, en 1948, la situación de posguerra era tan precaria que cada delegación tuvo que llevar a Londres, donde se celebraba por segunda vez la competencia, su propia comida. En esta ocasión, las medallas fueron de hojalata.
En Munich 1972, la final de basketball, que disputaban los Estados Unidos y la ex Unión Soviética, fue un caos. Los rusos hicieron una feroz protesta por ciertos errores cometidos demandando que se les atribuyera la victoria del encuentro. Los jueces lo aceptaron. La delegación norteamericana, disconforme, no se presentó a la premiación y las medallas de plata continúan hoy en Suiza bajo la custodia del Comité Olímpico Internacional (COI).
Para esta edición de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, más de 4,700 medallas fueron elaboradas en la Real Casa de la Moneda de Londres. Son de 85mm de diámetro, las más fuertes que se han hecho en la historia de las Olimpíadas.
En total, 805 ceremonias de entrega de medallas se efectuarán durante las competiciones de Londres 2012.